Vacaciones con hijastros

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FAMILIAS ENSAMBLADAS. MITOS Y REALIDADES DE LOS TUYOS, LOS MÍOS Y LOS NUESTROS - Cap. XII - Dora Davison - Ed Vergara.

“..La pareja rumbo al mar lleva seis meses de casados y éstas son sus... ¡primeras vacaciones en familia!

Para ella es su primer matrimonio, el segundo para él. Desde el comienzo, los hijos del esposo - de 9 y 11 años -  han ido “de visita” al nuevo hogar, dos veces por semana, un fin de semana por medio y ahora pasarán todos juntos las vacaciones. Lo usual.
Mientras él maneja con aire despreocupado, ella sueña con los momentos románticos que pasará con su marido y... ¡espera que los chicos no interfieran demasiado!
Los chicos - en el asiento de atrás – recuerdan otras vacaciones, cuando iban de pesca con su papá. Durante varios años - después del divorcio – veraneaban en la playa con el papá y después iban al campo, a casa de la abuela con la mamá. Quieren qué este año sea tan divertido como los anteriores y...  ¡esperan que “ella” no se entrometa demasiado!
Seguramente, el hombre “tironeado” entre las expectativas de su nueva esposa y las de sus hijos, tratará de conformar a todos sin lograrlo.
Subrepticiamente el conflicto estalla en medio de las ¡tan ansiadas vacaciones!

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Cuando llegan las vacaciones, todos queremos disfrutar a pleno y dejar atrás las tensiones cotidianas. Según sus preferencias y posibilidades, las familias parten rumbo al destino elegido, con una sola consigna: ¡divertirse y pasarla bien!
 
Pero... las vacaciones suelen ser acontecimientos complicados para las familias ensambladas. Por un lado, la presencia de nuevos miembros con gustos, hábitos y costumbres diferentes, requieren poner a prueba la capacidad de negociación. Chicos acostumbrados a veranear en la playa, donde esperan encontrarse con amigos, pueden desencadenar un conflicto cuando los adultos deciden cambiar por las sierras. Por otro lado, como la pareja y los chicos pasan más tiempo juntos, la situación alimenta expectativas más acordes con la familia tradicional que con la realidad de la familia ensamblada. Las familias ensambladas no debieran alentar el mito de ser “la gran familia feliz de vacaciones”, para evitar equívocos y frustraciones.
Los sentimientos y los anhelos que muchas veces, irrumpen en el ánimo de padres biológicos, esposos, padrastros, madrastras, hijos e hijastros en esos momentos, no son un tema menor.
 
“Yo sólo dispongo de diez días en todo el año para mis vacaciones, y para mí es importantísimo pasarla bien. No estoy dispuesta a que se me arruinen y después tener que esperar todo un año....” – explicaba una madrastra.
 
Un padre que se siente culpable por el poco tiempo dedicado a sus hijos durante el año, puede esperar compensarlos en las vacaciones. Una esposa ensamblada puede culparse por no querer llevar a sus hijastros. Los padrastros y las madrastras sin hijos, pueden albergar expectativas más románticas. Las madres y las madrastras con hijos, por lo general, esperan mayor seguridad y apoyo de su esposo. Los padres y padrastros con hijos suelen esperar que nueva su esposa cuide a los niños como una “verdadera madre”.
Las necesidades emocionales de la familia ensamblada, conducen a la pareja a exigirse demasiado. No es posible satisfacer en una semana o en un mes lo que demanda varios años alcanzar. Un viaje romántico para la pareja, que a la vez, sea divertido para los chicos, que fortalezca la relación del progenitor con sus hijos y que además, una a la madrastra o al padrastro con sus hijastros, está destinado al fracaso de antemano.
Cuando se exige menos, las relaciones se distienden y es posible compartir buenos momentos y vivir gratas experiencias.
 
Las “familias ensambladas exitosas”, aseguran que el secreto está en no tener expectativas irreales, en planificar hasta los menores detalles y tomar las decisiones en conjunto.
Efectivamente, una regla de oro para todos, es: “participar en los arreglos y anticiparse a los hechos”. Las decisiones no pueden tomarse en forma imprevista, ni unilateral. Las posibilidades financieras, el tiempo disponible y las preferencias de cada uno, deben ser cuidadosamente evaluadas. Tampoco, es bueno tomar decisiones movidas por sentimientos de culpa, sólo se conseguirá complicar las cosas debido a que la culpa paraliza e inhibe el diálogo.
 Cada miembro de la nueva familia, debe ser tener la oportunidad de expresar abiertamente sus deseos. De este modo, existirá la posibilidad de revisar y aclarar las expectativas irreales, así como de negociar y conciliar los deseos incompatibles de una manera creativa.
 
En algunas circunstancias, puede suceder que un chico no lo pase bien, a pesar de todos los esfuerzos realizados por los adultos. Tal vez, el niño verdaderamente necesite un tiempo a solas con su progenitor y en ese caso, será conveniente que ambos salgan solos de viaje por unos pocos días.
 
Una vez, aclaradas las expectativas de cada uno y las posibilidades realistas, la familia ensamblada, estará en condiciones de programar detalladamente las vacaciones.
Los planes deben incluir momentos a solas de la pareja, momentos a solas de cada progenitor con sus hijos y momentos compartidos con toda la familia. Estos planes cuidadosamente diseñados con las expectativas posibles de realizar de todos y de cada uno, hacen la gran diferencia.
En los momentos a solas, las madrastras y los padrastros sentirán, que son tomados en cuenta como esposas / os, por su pareja. Los chicos, sentirán que no han perdido “del todo” la relación exclusiva con su progenitor y de la que tanto disfrutaban en otras vacaciones. Los buenos momentos compartidos entre todos, contribuirá a desarrollar el sentimiento de identidad y pertenencia familiar.
Una buena formula para lograr acuerdos es:
 
· diferenciar los problemas de las personas involucradas: “la persona no es el problema”
 
· expresar los deseos en primera persona sin acusar ni excluir a nadie, recordar decir: “a mi me gusta ...”
 
· tener una visión positiva
 
· recordar que comprender el punto de vista del otro, no significa ceder.
 
Los acuerdos sobre las vacaciones, en lo que respecta a las fechas y el tiempo programado, deben incluir - con suficiente anticipación - al otro progenitor para acordar los tiempos. Obviamente, un cambio de planes de último momento que afecte al otro hogar de los chicos resultará en hostilidades con el consiguiente perjuicio para los niños.
 
Probablemente, planear las vacaciones con tanto detalle, demandará paciencia y esfuerzo, pero, si la pareja ensamblada quiere disfrutar de unas vacaciones en familia y continuar casados, ¡deberá hacer el esfuerzo!

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