Notas y reflexiones sobre matrimonio, divorcio y parentalidad.

E-mail Imprimir PDF

Curso: El Divorcio
Autora: Virginia Plaza
Profesión: Operadora Psicosocial
Inst. Sup. de Psicología Social de Bahia Blanca (DIPREGEP 5757)
País: Argentina
Loc: Punta Alta



¿Qué es estar casado?, ¿Qué es divorciarse?, ¿Qué es ser padre…ser madre…? Para cada una de éstas preguntas, cada uno de nosotros tiene una respuestas; respuestas que  seguramente no diferirán demasiado unas y otras.  

Lo que intento es preguntarnos ¿de donde salen las respuestas?, ¿por qué sabemos sobre éstos temas?...y seguramente contestaremos que lo sabemos porque circundan nuestra cotidianeidad, nos atraviesan, nos afectan, nos constituyen…Estas respuestas surgen de la naturalización que a través de muchísimos años hemos hecho los occidentales de los conceptos: matrimonio, divorcio, parentalidad; naturalizaciones que a su vez están sostenidas por la legalidad que los encuadra. 

Ahora bien, me pregunto: ¿Quién define los conceptos?, ¿Quién los corporiza concretizándolos de manera tal que se vuelven casi táctiles?... Los conceptos son construcciones, son acuerdos culturales socio-históricos que se instituyen en una sociedad  desde sus imaginarios. De ésta forma me gustaría hacer una humilde genealogía. 

El matrimonio, por lo menos en la cultura occidental, llega a ser lo que es de la mano de la ideología judeo-cristiana. Antes de eso, en nuestras tierras los aborígenes tenían diferentes modos de vinculaciones maritales y parentales (ni mejores, ni peores, simplemente distintas). Con la llegada del cristianismo y en particular de los Jesuitas eso comienza a cambiar, afectado por toda la europeización burguesa de las costumbres. 

Con la institucionalización del cristianismo, nace en la cultura la monogamia y la indivisibilidad del matrimonio. Durante años, estos conceptos han tenido sus efectos en la sociedad, habiendo épocas en las que no casarse, divorciarse o ser hijo de padres separados/divorciados era razón para que sobreviniera el estigma y la condena social. 

En la década del ´60, comienza a haber cambios en las costumbres y en los vínculos; sobreviene una época de mutaciones sociales que dan inicio a un cambio casi paradigmático de estos conceptos que irán afectando con sus efectos a las décadas posteriores. Si bien socialmente no fue lo mismo ser divorciado o hijo de padres divorciados en los 60, que en los 80, (como veíamos en el curso), y mucho menos en éste 3er milenio; la década del ´60 con su rebeldía instituyente logró comenzar un movimiento en el que ya nada iba a ser igual, un movimiento de ruptura que puso a repensar los conceptos mencionados, una de-construcción de los mismos debido a la necesidad de ser nuevamente definidos. 

Si pudiésemos ver en perspectiva el movimiento genealógico de estos conceptos, creo nos daríamos cuenta que nunca llegaron ni llegaran a ser estáticos. Su esencia está dada por lo que Castoriadis llama “las significaciones imaginarias sociales” las cuales son como un magma en permanente cambio. Lo que hoy en el 2009 vivimos como matrimonio, divorcio y parentalidad, tiene solo un parecido a lo que era en los ´80 y seguramente no tendrá casi nada de similitud a lo que será dentro de 30 o 50 años. 

¿Qué hay con la maternidad y con la paternidad?....hace años, en la familia tradicional burguesa; lo legal, los límites, los “no”…estaban presentes en la figura paterna, en el padre proveedor el cual se ausentaba casi por todo el día del hogar, pero que afectaba la educación de sus hijos desde el respeto y hasta el temor que se naturalizaba a su figura. Por otro lado, en esa misma época era la madre quien educaba en la sociabilidad, la higiene, la alimentación, las buenas costumbres. Una madre que “estaba” en el hogar, que realizaba las tareas domésticas que incluían: la atención de los hijos y el marido, la economía familiar, la nutrición, el aseo, el orden, las vinculaciones sociales vecinales, la postergación en pos de su familia, las actividades manuales femeninas, etc…..(y mucho más ¿no?).
Esta “familia tipo” hace también años que se ha ido extinguiendo por un sinnúmero de razones, las cuales para enumerarlas seguramente haría falta un estudio sociológico e histórico competente. Pero podríamos razonablemente pensar en algunas de ellas, como por ejemplo la salida al mercado laboral/profesional de las mujeres que implicó la aparición de los abuelos en la crianza de los niños o bien de guarderías infantiles o niñeras. La feminización[1] de los padres que comenzaron a participar activamente en la socialización de sus hijos. La entrada a los hogares de la televisión que implicó un cambio en las subjetividades familiares, históricas y sociales; embebiendo a “la familia” en el mercado de consumo y en la carrera del “tener”. 

En definitiva los tres conceptos elegidos han tenido un largo recorrido desde su primera construcción, recorrido que nos deja hoy en la pregunta de ¿cómo están ahora mutando? 

Creo propicio aquí citar a Ignacio Lewkowicz. En uno de sus libros[2], hace una historización de la constitución del concepto de madre en la antigua Esparta.Las espartanas no eran consideradas ciudadanas y mucho menos personas. El hombre espartano tenía diferentes mujeres a su lado con diferentes roles. Tenía una esposa, la cual se ocupaba de su bienestar y compartía las actividades sociales; tenía una o varias concubinas las cuales ocupaban el rol de compañera sexual y por ultimo tenía otra mujer que era la madre de sus hijos.
Esta madre espartana, era la única a la cual su rol la ubicaba en posición de lograr la categoría de “ciudadana” y hasta de “persona”. ¿Por qué?, porque solamente una madre espartana a la cual uno de sus hijos hubiera entregado su sangre en el campo de batalla defendiendo a su patria lograba esa categorización. De ésta manera estas madres impulsaban a sus hijos varones a pelear por su tierra y a regresar como héroes, o sea: muertos.
Esta subjetividad que hoy nos parece tan cruel y despiadada era la naturaleza de su realidad, era lo noble, lo esencial y para nada discutible en aquella época.

 “…el lugar de la mujer en la vida social no es un producto directo de las cosas que ella hace sino del significado que adquieren sus actividades a través de la interacción social[3]  ¿Cuál es la idea de hacer todo éste recorrido?

Bien, quiero poder pensar matrimonio, divorcio y parentalidad teniendo clara la idea de “construcción”. Creo que es desde ahí, que muchos de los prejuicios, estigmatizaciones y demás consecuencias que nos afectan pueden ir siendo descascaradas (como una cebolla). 

Opino que hoy en día, podríamos ir trabajando para que las leyes también aceptaran éstas ideas. Ya no estamos en 1800, ya no es el pensamiento judeo-cristiano el que rige la construcción de las leyes, ni tampoco el devenir de las familias occidentales, (aunque sus efectos siguen vigentes de diversas formas). 

Si la ley contemplara de manera casi rigurosa que un gran porcentaje de matrimonios terminan en divorcio, se podría aplicar una condición para quienes desean casarse de elaborar contratos prenupciales. Tal vez esta idea suene demasiado modernista para nuestra sociedad, pero creo que si las parejas se tuvieran que sentar a negociar antes de contraer matrimonio la manera de organizar sus bienes existentes y aquellos que están en proyecto; no sólo aceptarían la idea de que el divorcio es una posibilidad latente en su realidad, sino que se conocerían mutuamente en el rol negociador. ¿Habría menos divorcios?....o ¿habría menos matrimonios?... También podemos pensar que habría más matrimonios, amparados por su propio compromiso y aceptación de una situación posible y sus consecuencias.
Es éste contrato prenupcial habría que agregar un contrato pre-parental el cual implicaría el compromiso de ambas partes en sus roles de padre y madre.
De ésta manera podríamos ir cada vez adaptándonos subjetivamente más ésta realidad líquida en la cual vivimos, naturalizando en nuestros hijos que, como dice Fabiana Cantilo en su tema tan escuchado “nada es para siempre”. Creo que un niño que crece sabiendo que sus padres están juntos sólo porque se aman y que eso puede ser que no sea para toda la vida, puede constituirse de manera mucho más sólida que otro al que se lo somete a toda el dolor del período de pre-divorcio (el cual puede durar muchos años) y de ésta forma ir internalizando que amarse es eso: discutir, criticarse, ignorarse, agredirse, humillarse.
[4] 

Con éste planteo no quiero plasmar una idea de “matrimonio descartable”. Al contrario, somos sujetos de necesidades y socio-culturalmente tenemos necesidad de una familia. La idea es de-construir la “familia tipo”, esa familia que la publicidad y otras instituciones siguen vendiéndonos como la ideal y única posible.  Poder corrernos de la educación mediática “hollybudense” en la cual “se casaron fueron felices y comieron perdices”. Podemos preguntarnos por Aurora de “la bella durmiente”, por Bella de “la bella y la bestia”, por la “novicia rebelde” y tantas otras….¿Que fue de ellas, de sus parejas y de sus hijos 10, 15 o 20 años después?...¿Con el amor les alcanzó?La manteca más rica, el yogurt más saludable, la gaseosa más divertida se toman y comen sentados a la mesa con mama, papá y los hijos felices, estables, con buenas casas y exitosas vidas… 

De-construir entonces estos imaginarios para darle paso a la amplia gama de posibilidades de la familia de hoy  y categorizar a ellas como tales. Poder también darle dignidad al divorcio, para que sea mucho más viable y menos destructivo. Darnos el permiso de incursionar en la idea de criar a nuestros hijos, desde el seno familiar, en la incertidumbre y la liquidez reinante; que está ahí, en su mundo de todos los días, en su constitución subjetiva cotidiana y que es silenciada en los hogares; saber que papa y mamá pueden llegar a divorciarse algún día, que es posible y hacerlos partícipes de que el matrimonio y la pareja es un espacio de posibilidad de “libre albedrío” en el que día a día se remontan problemáticas vinculares cotidianas. Que el “estar” es hoy y que sí se pueden hacer proyectos y que vamos a trabajar mucho para llegar a la meta, pero que somos humanos y….pueden suceder otras cosas. No a modo de dolorosa incertidumbre, sino como preparación adaptativa a la vida social, emocional, laboral, futura. Que la incertidumbre sea una parte del vínculo, no un todo. De todos modos nuestros niños, nuestros hijos jóvenes y jóvenes adultos viven en la incertidumbre permanente (inseguridad, enfermedades, despido, desocupación)…por lo tanto creo que, articular la incertidumbre con la realidad familiar como posibilidad, puede ser mucho más positivo que negativo. Silenciar esa realidad creo que provoca desacoples subjetivos tanto en los niños como en los adultos, desacoples que generan los más variados efectos… 

En definitiva, poder habitar la paradoja del amor familiar: De una pareja que se ama y ama a sus hijos pero que puede suceder que eso cambie. De habitar la posibilidad de de-construcción del concepto imaginario de madre y de padre; que contiene la contingencia de que una madre o un padre no ame a sus hijos y evaluar oportuna una ley que sea continente y soporte para aquellos hijos y parejas que sean perjudicados por éstas situaciones.
Ser concientes que éstos conceptos son “construcciones sociales”, las cuales nos constituyen y nos definen, pero no son dogmas; que pueden ser distintos, diversos, diferentes, que no hay guía ni ruta, que “somos lo que podemos con lo que tenemos” y que un conflicto, aunque sea una construcción, nos atraviesa histórica, social, emocional y psicológicamente y que no hay una única manera de transitarlo, sino múltiples y la buena noticia es que muchas de ellas pueden ser viables, que nuestros hijos pueden construir otros conceptos más sanos de familia, de matrimonio y de divorcio y que tal vez en un futuro hasta tengamos leyes que nos ayuden a sobrellevar éstas problemáticas vinculares desde la contención y protección.



[1] Feminización como aceptación y articulación con el rol de género, que hasta ese entonces era privativo y totalmente adjudicado a la mujer.
[2] “¿Se acabó la infancia? Ensayo sobre la destituión de la niñez.” (con Cristina Correa. 1999).
[3] Michelle Zimbalist Rosaldo, citada en: “De mujer a genero” por Cangiano y Dubois, Pág.34
[4]Respetamos la idea de la autora, pero también tomamos en cuenta otros autores (y nuestra propia experiencia) que señalan que hoy los niños viven bajos los efectos del estrés y de la incertidumbre  que les genera pensar que sus padres - como los de otros chicos - se pueden separar. Por otro lado - insistimos, -  los efectos nocivos del divorcio en los hijos provienen de una mala re-organización familiar posdivorcio y no del divorcio mismo. Investigaciones fidedignas demuestran que los niños de padres divorciados son comparativamente más sanos que los hijos de padres que viven juntos en clima de hostilidad permanente. Dra. Dora Davison.
"Ver más monografías"
Comentarios
Añadir nuevo
+/-
Escribir comentario
Nombre:
Email:
 
Título:
 
Por favor introduce el código anti-spam que puedes leer en la imagen.