Curso: “Familias Ensambladas”
Autora: Norma Vanessa Laguarda
Profesión: Psicóloga
C.I. 3.351.208-6
País: Uruguay
Loc. Trinidad Flores
PRÓLOGO
Los cuentos de hadas van imprimiendo, desde pequeñas en la mayoría de las mujeres, las esperanzas, anhelos y fantasías de encontrar a la pareja ideal.
Cada una de nostras comienza a construir su propia fantasía, algunas tienen que ver con que el hermoso príncipe nos rescate de nuestra soledad o de nuestro largo sueño, tras un sinfín de desventuras que deberá atravesar hasta encontrarnos. Imaginamos que el príncipe dejará todo por nosotras, vivirá por y para nosotras, que estará eternamente a nuestro lado. Fantaseamos con que ese príncipe dará una gran fiesta para celebrar el amor, y que ese será uno de los días más felices de nuestra vida, en el que tendremos la oportunidad de convertirnos en la hermosa princesa vestida de blanco.
Nuestra imaginación, crece y crece a medida que nosotras crecemos. Hasta imaginamos un hermoso niño o una hermosa niña fruto de ese amor tan noble.
Amamos los cuentos porque nos hacen creer que el GRAN AMOR llegará para todas, más allá de los avatares y los vaivenes de la vida, y será para siempre…
Lo que nunca nos dijeron los cuentos es qué sucedía luego de esos periplos, de esos encuentros y de esas grandes fiestas. No sabemos cómo era la vida de la princesa y el príncipe después de tanta felicidad. Si el amor era más fuerte que todo lo que pudiera sucedernos en la vida, o si aún más desventuras tendrían que sucederse para volver a nuevos finales felices, eso también ha quedado librado a nuestra imaginación, pues los cuentos no nos han mostrado ningún modelo de pareja en la vida real. El único modelo que tenemos acerca de una relación de dos es la de nuestros padres, es en base a ese paradigma que podemos crear la propia fantasía de la cotidianeidad de una relación de pareja.
Es inusual encontrar un cuento que nos relate a la feliz pareja en su vida cotidiana, lo más que sabemos es que vivieron felices para siempre. Pero la vida, no termina en la última página del cuento y nuestra imaginación no deja de pintarse de color rosa…
INTRODUCCIÓN
El tema que convoca a realizar este trabajo es el de las familias ensambladas, modelo de familia que se vienen conformando desde hace siglos, pero que ha adquirido una inédita preponderancia desde mediados del anterior.
Estamos asistiendo a numerosas transformaciones de la estructuras familiar, muchos de ellas como consecuencia de los vertiginosos cambios que el mundo viene sufriendo desde hace ya unas cuántas décadas. Hay quienes sostienen que la familia se encuentra en situación de crisis, pero desde una mirada más amplia, podemos sostener que lo que se encuentra en proceso de crisis es el modelo de familia nuclear al que todos estamos acostumbrados a aceptar como normal y estable. Diferentes tipos de conformaciones familiares se han ido consolidando, como son los matrimonios sin hijos, familias en las que los progenitores no viven en la misma casa, y aún otros. Hoy en día el concepto familia (la relación de vínculos) no es sinónimo del concepto de hogar (la convivencia).
El concepto “familias ensambladas” suele causar rechazo o desvalorización. Por más que se entienda la terminología, lo que cuesta aceptar es esta modalidad de conformación familiar con hijos que provienen de una unión anterior. Es difícil salirse del modelo de familia nuclear enquistado, calificado como el único válido. Existe una suerte de resistencia a la validación social de las familias ensambladas. Aunque en la práctica se manifiestan con más frecuencia estas nuevas configuraciones familiares, aún no logran ser validadas en el inconsciente colectivo.
La familia ante todo es una forma de organización humana de carácter universal manifestada de maneras muy diversas y con distintas funciones de acuerdo a la época y al contexto socio histórico cultural en el cual estén insertas[1].
Por lo tanto, una de las características primordiales a tener en cuenta a la hora de pensar a “la familia”, es su diversidad. Lo que nos lleva a hablar de familias en plural más que de familia. Aceptando lo diverso, podremos echar por tierra la idea hegemónica de un único modelo y el pseudo juzgamiento de otras como anormales.
En este trabajo se tratará especialmente el tema de la pareja dentro de la familia ensamblada, ese vínculo de alianza que conforma el Sistema Conyugal cuando se unen un hombre y una mujer en matrimonio o mediante una unión de hecho.
El nuevo vínculo – conyugal - configura un sistema de dos, al que se agrega otro - el parental - tras el nacimiento de un hijo. En las familias tradicionales ambos vínculos coinciden, no así necesariamente en las ensambladas. Cuando el sistema de dos pasa a ser de tres, se conforma la llamada familia nuclear, nuclear porque es un sistema constituido por un solo núcleo: dos adultos y el/los hijo/s de uno o ambos miembros de la pareja.
De ese modo comienzan a agregarse otros subsistemas al sistema primigenio conyugal, como son el sistema parental, el parento filial y el fraterno. Con estos movimientos la pareja se ve obligada a modificar su funcionamiento, mediante la realización de acuerdos para dar cabida y sostener a los nuevos integrantes y a la propia pareja[2], pues ahora ya son más que dos…
LA PAREJA “TRADICIONAL”
En la representación mental, la pareja sugiere que para constituirse como pareja conyugal es necesario abandonar la familia de origen, el lugar de pertenencia, para constituir una nueva configuración familiar en base a la construcción de nuevos vínculos. Este pasaje no resulta fácil
En esta nueva estructura, cobra importancia la relación de pareja y quiénes ocupan ese lugar en la misma. Así podemos hablar del “lugar de esposo o esposa” como un espacio privado que les es exclusivo. El vínculo marital se establece a través de contratos, pactos y acuerdos inconscientes y conscientes, algunos son tácitos y otros emergen de una negociación. Resultan de la combinación de elementos de cada uno de los integrantes que componen la pareja. Toda pareja cuando se elige incorpora una serie de criterios con los cuales genera códigos comunes de entendimiento.
Al referirnos tanto a las relaciones maritales como a las familiares, hablamos siempre de vínculos que conforman una estructura constituida por un “yo” y por un “otro”; y un punto de conexión que ligará a ambos.
La pareja según Puget y Berenstein sería “una estructura vincular entre dos personas, es decir, una relación inter-subjetiva estable entre un “yo” y “otro yo”, donde tiene cabida el mundo intra-subjetivo de cada uno y donde el vínculo a su vez ocupa un área diferenciada de la estructura objetal”[3]. La pareja abre sus vínculos a lo sociocultural, posteriormente a los hijos conformándose luego en una estructura familiar. La pareja tiene ciertos elementos que la determinan como una estructura. Se la puede considerar como el inicio de una familia, que a su vez desciende de otra familia la cual es productora de modelos.
Cuando tiene lugar el enamoramiento es considerado el comienzo del vínculo de pareja que tiene registro en la conciencia.
Todos aquellos que pretenden construir un vinculo de pareja saben de antemano (“conciente o inconscientemente”) y a partir de los distintos modelos sociales, que esto conlleva algunos aspectos que hablan de lo permitido opuesto a lo prohibido. A esto es lo que llaman Puget y Berestein “parámetros definitorios”[4], cuyo “registro en el mundo psíquico proviene de lo infantil donde se incorpora el modelo del objeto pareja, construcción imaginaria constituida por tres representaciones: una el objeto amparador; otra es la representación de un papá y una mamá, de los cuales el bebe tiene una posición de exclusión y la tercera, es la representación social, la de un contexto extra familiar que incluye a papá, mamá y bebe, que componen un código y una serie de señales que hacen a la organización de la estructura familiar”.[5]
Cabe mencionar que cada vínculo de pareja implícitamente hace referencia a lo marital, pero es necesario diferenciarlo de otras relaciones diádicas, como pueden ser las relaciones amistosas y relaciones de amantes. Las diferencias que determinan de qué tipo de relación se trata son “relaciones sexuales y el encuadre espacio - temporal”[6]. De esta manera se establecen cuatro aspectos que hacen a una pareja marital, que son los “parámetros definitorios”. La cotidianidad que marca la estabilidad en el tiempo y en el espacio de acuerdo a una reciprocidad que tiene lugar día a día. Es la cotidianidad quien organiza los encuentros y “no encuentros” de una pareja y los posibles desencuentros. El proyecto vital compartido es intercambiar un espacio y un tiempo en el vínculo, generando un lenguaje común significativo para los miembros de la pareja. El mismo organiza a la pareja hacia el futuro en la creación de los hijos. Las relaciones sexuales van a estar determinadas por cada sociedad y por cada modelo individual que la pareja tuvo. En este aspecto debe haber una aceptación del otro como diferente. En última instancia tendríamos la tendencia monogámica que tiene como base la estructura de “objeto único”. La pareja sin proponérselo tiende a colocar al otro en el lugar de “objeto ilusorio”[7]. Lo ideal que suceda es que experimente un recorrido desde el enamoramiento a una mayor complejidad vincular es decir, sería el pasaje del “objeto único” al “objeto unificado o amoroso”.
Cada pareja se regula a partir de acuerdos y pactos inconscientes, estableciendo una modalidad de que permite ordenar las relaciones en sus diferentes tipos de intercambio (sexual, emocional, económica y otras). relación,
En las crisis por las cuales se debe pasar de acuerdo al momento evolutivo que se transita o aquellas que surgen por otros motivos, puede aparecer la demanda de un “objeto único asistente”, el nuevo vínculo instalado estará sentado en un deseo de protección durante el transcurso de estas situaciones, o lo que se podría traducir como la necesidad de hacer realidad la fantasía del cuento, donde el príncipe protege de manera especial y exclusiva a la princesa.
LA PAREJA EN LA FAMILIA ENSAMBLADA Y SUS DIFERENCIAS CON LA PAREJA TRADICIONAL
Mientras la pareja tradicional se regula a partir de acuerdos y pactos que van estableciendo una modalidad de relación, donde se ordenan las relaciones en sus diferentes tipos de intercambio (sexual, emocional, económico y otros), en la pareja ensamblada uno o ambos miembros trae consigo modalidades de relación constituidos en una pareja anterior, que pueden resultar difíciles de abandonar o modificar. Asimismo los nuevos pactos y acuerdos pueden verse plagiados por aquellos otros.
Una de las grandes diferencias entre una pareja tradicional y una pareja ensamblada, es que en esta última, los hijos siempre están antes de la formación de la pareja, el vínculo conyugal es más reciente que el vínculo parento filial y sus respectivas relaciones.
Por otro lado, el vínculo conyugal se conformado tras la ruptura de otro vínculo conyugal anterior o por viudez, lo que puede otorgarle ciertas connotaciones especiales en la fantasía de los miembros de la pareja o en los otros miembros de la familia ensamblada. Puede ser que se considere de por sí un vínculo débil, fácil de disolver, o bien puede ser generador de expectativas más optimistas, como por ejemplo: “esta vez no será igual que la anterior, será mejor”. La pareja constituye el subsistema más vulnerable dentro de una familia ensamblada. Por lo tanto, es el vínculo que debe ser más fortalecido y afianzado, puesto que sin él no habrá posibilidades de generar los demás.
A diferencia de lo que sucede en la pareja tradicional, para la pareja ensamblada, el período inicial de la relación - donde tiene cabida el mundo intra-subjetivo de cada uno - es bastante difuso, puesto que desde el comienzo están presentes todos los demás integrantes de la familia ensamblada.
La pareja tradicional es el inicio de una familia nuclear[8], considerada por muchos sectores de la sociedad como la única forma válida de familia y a su vez, descendiente (en su mayoría) de otras familias nucleares que replican al modelo, mientras que la pareja ensamblada es el inicio de una familia diferente, pero no siempre reconocida como tal. La paradoja es clara, por un lado reconocemos a la familia ensamblada como una configuración alternativa entre otras y al mismo tiempo le damos status de “Familia” solamente a la nuclear.
Esto conduce, en relación al “concepto familia”, al uso del plural “familias” (sugerencia de la Asamblea General de la UN en 1994, a los Estados Parte, con motivo del Año Internacional de la Familia). Según un informe - del mismo año - de ese organismo, existen 12 configuraciones diferentes de familias en distintas regiones geográficas del planeta.
Cuando una pareja se une en primer matrimonio, hay un encuentro de dos, hay algo novedoso, ambos configuran un tipo de vínculo inédito hasta ese momento al que luego se agregaran los hijos; lo vivimos como una ganancia y como un cambio altamente positivo en nuestra vida. Mientras que en la configuración de la familia ensamblada, todos los miembros han vivido pérdidas y cambios relevantes. La pareja fundadora de una familia ensamblada asume la difícil tarea de procesar esas pérdidas y cambios. Lo esperable es que los duelos por las mismas se hayan completado previamente a la nueva unión. Pero lo cierto, es que la mayoría de las parejas ensambladas inician la convivencia antes de haber dejado atrás el pasado que condujo al divorcio, al menos para uno de ellos. La coexistencia de tales instancias complica y pone en riesgo el proceso de ensamble. Cuando las cosas ocurren muy rápidamente, sin dar tiempo al desarrollo de los nuevos vínculos, es común que la nueva unión termine siendo percibida como negativa aunque no lo sea necesariamente, pues si el matrimonio anterior fue desgraciado, el cambio puede ser positivo. Además, cada persona requiere de distintos tiempos para procesar sus propios duelos.
Al momento de la nueva unión, además de activarse un sinfín de sentimientos, los duelos generados por todas estas permutaciones pueden reactivarse. Dentro de estas pérdidas se van las fantasías de la pareja ideal, muchas veces se diluye la ilusión de un matrimonio para toda la vida, pero cuando la nueva familia funciona, el vínculo deja de “idealizarse” y pasa a ser más realista, más satisfactorio.
La relación de esta pareja se torna más difícil aún, debido a la presencia de hijos previos, por tratarse de una organización mucho más compleja, dónde hay más vínculos y más personas involucradas: son mucho más que dos los que inician la relación.
No solo la estructura particular influye en las emociones de los miembros de esta nueva pareja, sino también las actitudes y los sentimientos de familiares y amigos, que pueden no aceptar los cambios, incluso rechazar a quien ingresa a esa familia. La consolidación de esta nueva pareja es más costosa aún, si los miembros se encuentran en diferentes etapas del ciclo vital (uno puede no tener hijos).
Por otro lado, las relaciones dentro de la familia ensamblada no se dan de manera espontánea como en las familias nucleares, al contrario, se construyen a paso lento, los vínculos tienen que crearse mediante acuerdos que requieren esfuerzos extra[9].
A MODO DE CONCLUSIONES
Decíamos anteriormente que en la constitución de un nuevo vínculo siempre se deja algo atrás, pero refiriéndonos a la pareja dentro de una familia ensamblada nos preguntamos, ¿Qué es lo que puede dejarse atrás? Y es indudable, que es aquél pasado que condujo al divorcio, sus penas, su sufrimiento; pero también en ese pasado se gestaron, posiblemente lo más caro a los sentimientos de una persona: los hijos. Si bien, la relación conyugal con el/la ex, llegó a su fin, la relación que los unió como padres es para siempre, deberán seguir criando conjuntamente a los hijospero ahora con la inclusión de un tercero…. y ese pasado doloroso, necesita transformase en relaciones presentes más benignas para todos.
En las familias ensambladas al menos tres adultos tienen un rol parental, existen al menos dos hogares con hijos de uniones anteriores y suelen estar latentes los sentimientos de pérdidas sobre los cuales se configuran. Las fronteras que protegen a la pareja de los otros subsistemas familiares, son más difusas y difíciles de controlar.
Una pareja solidificada, fortalecida es la clave para la integración de la familia ensamblada, como en el caso de las familias tradicionales. Sin embargo en las familias ensambladas este tema requiere de mayor cuidado pues las tensiones son mayores. Están las tensiones propias de la organización de la familia ensamblada que son toda una novedad, la conciliación entre los miembros y sus distintas costumbres, y está el plus de las presiones que vienen de afuera, de algunos de los miembros de las familias que no pueden aceptar la diferencia o de amigos que no pueden terminar de asumir la nueva unión[10].
Aunque, al momento de conformar la familia ensamblada, la nueva pareja pueda tener una larga historia propia, no ocurre lo mismo con los otros miembros. Las consecuencias pueden verse en el sentido de los compromisos que han sido contraídos anteriormente, como son el tiempo para dedicarle a los hijos, si eso implica menos tiempo para compartir con la pareja, tiempo necesario para el fortaleciomiento de su unión. Esta pareja carece de un tiempo de acomodación mutua, no sucede como en a mayoría de las parejas tradicionales que se casan y se toman un tiempo a solas antes del nacimiento del primer hijo, decisión que puede ser meditada y acordada entre ambo, por el contrario aquí los hijos preceden a la pareja ensamblada.
Variados sentimientos pueden despertarse en el miembro que ingresa a la familia ensamblada, como por ejemplo de exclusión, de intrusión, de no aceptación por parte del resto y esto puede requerir de un tiempo personal para asumirse y ser aceptado como miembro del sistema familiar.
Es ambicioso esperar demasiado al comienzo, y se debe estar preparado para el rechazo, pero todas estas vivencias son novedad para ambos miembros de la pareja ensamblada y no sólo para el que ingresa.
Se requieren una serie de cambios y acomodamientos en la conducta, cambios en el modo de pensar y sentir, movimientos que naveguen hacia al logro de una vida más armónica para sobrellevar con éxito las relaciones dentro de las familias ensambladas, contribuyendo a que la pareja pueda irse fortaleciendo aún siendo mucho más que dos…….
[1] Módulo 1. INTRODUCCIÓN. Curso on line de “Familias Ensambladas”. Dra. Dora Davison, 2008, Buenos Aires, Argentina.[1] Módulo 1. INTRODUCCIÓN. Curso on line de “Familias Ensambladas”. Dra. Dora Davison, 2008, Buenos Aires, Argentina.[1] Puget, J. y Berenstein, I. “Psicoanálisis de la pareja matrimonial” pág. 32.
[1] Idem. Pág. 16.
[1] Idem Págs. 16,17.
[1] Puget, J y Berenstein, I “Psicoanálisis de la pareja matrimonial” Pág. 28,29.
[1] Idem. pag 188.
[1] En este caso el término “familia nuclear” está tomado del modelo occidental cristiano de familia de nuestra sociedad pos-industrial.
[1] Módulo IV. LA PAREJA. Curso on line de “Familias Ensambladas”. Dra. Dora Davison, 2008. Buenos Aires. Argenitna
[1] Módulo IV. LA PAREJA. Curso on line de “Familias Ensambladas”. Dra. Dora Davison, 2008. Buenos Aires. Argenitna
BIBLIOGRAFÍA
Curso On line de “Familias Ensambladas”. Dra. Dora Davison, Buenos Aires, Argentina, 2008.Puget, J. y Berenstein, I., Psicoanálisis de la Pareja matrimonial. Capítulos I, II, VIII. Paidós, Bs As, 1988.





