Curso On Line: “Familias Ensambladas”
Autora: Beatriz Galende
Profesión: Lic. en Psicología
Matricula Profesional Nº 0290.
País: Argentina
Loc. San Luis
La imagen de los padrastros y, sobre todo, de las madrastras, tiene por lo general, connotaciones negativas y estereotipadas. Esta imagen influye en la construcción de las relaciones entre los miembros de la familia ensamblada. Con frecuencia, los niños los ven como usurpadores del lugar de la mamá o del papá - según se trate – en la estructura familiar. También, suelen atribuirles el origen de cualquier problema o conflicto en la familia, tengan o no injerencia en el mismo. Otros chicos, se niegan a quererlos porque sienten que al mostrarles afecto, traicionan al progenitor del mismo sexo. Pero, no sólo los niños los ven a través de esta lente negativa: también suelen hacerlo muchos adultos.
Su aceptación se complica, aún más, cuando su inclusión en la familia se produce tras la muerte del padre o de la madre, debido a que - en estos casos - el recuerdo del progenitor fallecido está altamente idealizado: nada de lo que haga o diga el padrastro/tra será comparativamente lo suficiente bueno. Aquí, lo importante es que los adultos puedan ser pacientes y conceder a los niños el tiempo que necesiten para adaptarse y darse cuenta que, si bien la nueva persona desempeñará un rol parental, en tanto los cuidará y atenderá sus necesidades, no viene a ocupar el lugar vacío que dejara el progenitor fallecido. Siempre su recuerdo será respetado y amado.
Así como para los hijos es difícil la aceptación de la llegada del padrastro/a, para éstos, su incorporación al grupo familiar preformado, tampoco es fácil. A lo largo de la historia, los cuentos infantiles los han presentado (en especial a las madrastras) como seres crueles, cargados de malas intenciones, carentes de nobles sentimientos e incapaces de sentir afecto o amor.
La adaptación y el reconocimiento del padrastro o madrastra como miembro de la familia por parte de los chicos (e incluso por otros parientes o amigos) no ocurre desde el primer momento, sino que implica un largo proceso donde la capacidad de espera, la tolerancia y el respeto van a ir permitiendo la construcción de diferentes modos de relación entre los integrantes de la nueva familia. El primer impulso de los niños suele ser de rechazo y éste será aún más notorio, cuánto mayor sea su edad. En el caso de los adolescentes, puede ocurrir que muchos padres y padrastros, por falta de información, confundan las actitudes de “independencia” propias de la adolescencia con el sabotaje a la nueva familia.
Si bien a los hijos, les cuesta aceptar que sus padres vuelvan a casarse tras su separación, divorcio o viudez, tampoco es fácil para los progenitores comenzar un nuevo matrimonio y una nueva vida familiar. Pueden sentirse doblemente inseguros con respecto a sus posibilidades de “esta vez, no fracasar” y a la relación con sus hijos. Para que un mejor comienzo, es necesario que los padres informen con claridad a sus niños las decisiones que toman como adultos y los cambios que esto puede acarrear. Por ejemplo, cambio de casa, de colegio, de barrio y a veces, hasta de amigos, siempre dejando aclarado con palabras y actitudes, que nada de esto afectará sus relaciones, ni el amor que sienten por ellos.
Los adultos debemos entender que cuando los niños entran a configurar una familia con padrastro-madrastra, ya han pasado por pérdidas y cambios importantes. Para la mayoría, ésta es, su tercera estructura familiar. La primera, fue la conformada por él y sus progenitores (nuclear) y la segunda se constituyó cuando sus padres se separaron (binuclear). En las familias ensambladas que se configuran a partir de la unión de una madre soltera queda obviada, naturalmente, la familia binuclear.
El modo en que la nueva persona es introducida en la vida de los niños incide de forma muy importante en su aceptación o rechazo por parte los chicos. De igual modo, tiene relevancia la presencia de otros factores, tales como: el reclamo o no de lealtad del otro progenitor, la edad, la fortaleza o la debilidad de la pareja, el tiempo que pasó desde la separación, la conservación o no de la coparentalidad, etc.
Los niños tienden a actuar sus sentimientos debido a que les resulta dificultoso verbalizar espontáneamente lo que sienten. Por esta razón, es imprescindible la comprensión y la ayuda de los adultos para que puedan expresarse, así como, el reaseguro permanente de que van a continuar recibiendo el amor y la atención del padre o la madre aun cuando éste/a tenga una nueva pareja.
Todos sabemos que los cambios, que lo nuevo genera miedo, ansiedad, inseguridad y desconcierto, por ello no debe esperarse que todo funcione de maravillas de la noche a la mañana; se trata de un proceso en donde hay respetar los tiempos de cada uno antes de alcanzar la deseada armonía en la vida hogareña, que como en cualquier tipo de familia, tendrá sus momentos de alegría y otros, de desazón.
El vínculo madrastra e hijastros / padrastro e hijastros es el eje alrededor del cual se configura la familia ensamblada. Su actitud frente al niño contribuye de modo importante a su aceptación o rechazo. Facilita la construcción de la relación entre ambos, tener en consideración:
- no esperar que los chicos los acepten de entrada, los vínculos se construyen lentamente
- acordar las reglas de convivencia con el cónyuge
- establecer una relación amistosa antes de asumir un rol disciplinario
- reafirmar permanentemente el amor que la madre o padre siente por ellos
- fomentar las relaciones diádicas con cada hijastro/tra, 6.- no culparse por la mala conducta de los chicos
- hablar en privado con el cónyuge cuando se sienten incómodos, desautorizados o desestimados
- no criticar al padre o madre ya que esto incluye al niño en situaciones muy complejas.
Aún, teniendo en cuenta lo señalado anteriormente, no es sencillo saber cómo comportarse, porque cada niño es un ser singular y reacciona de una manera particular. Pero, el padrastro y/o madrastra facilita las cosas cuando entiende que él/ella es un nuevo adulto en el hogar y en la vida de los niños al que se acostumbraran de a poco, y que el rechazo no es personal.
Madrastras y padrastros cumplen un rol parental, importante por sí mismo, no son padres o madres sustitutos. No es aconsejable que traten de “comprar” a los chicos convirtiéndose en “un amigo”; deberán asumir su rol lentamente a medida que crean un vínculo con ellos, al mismo tiempo que su cónyuge debe cederles espacio y alentar la relación.
Ambos progenitores, aún después de su separación continúan teniendo un rol preponderante en lo que hace a la vida de los hijos.
En un comienzo los diferentes integrantes se sienten como extraños, como si no pertenecieran a la misma familia. Generalmente, el padrastro/tra no comparte o no conoce las tradiciones, costumbres, recuerdos, historias o significados con el resto de los miembros de la familia por lo que deberá aprender sobre los demás, sus puntos de vista, saber esperar y desarrollar la capacidad de expresarse abierta y honestamente, respetando y haciendo respetar tanto sus derechos y como los derechos de los demás integrantes.
Tal como lo señala la Dra. Davison, directora de Familias 21Internacional, del buen uso de las herramientas de la comunicación dependerá la solución de conflictos, de intereses contrapuestos, de maneras diferentes de pensar arribando a soluciones exitosas que contemplen los intereses de las partes pero que llevan implícitas la preocupación común por el bienestar familiar. Hay que recordar que las palabras son acciones concretas sobre “el otro” y somos responsables de sus efectos.
El manejo de la disciplina es otro de los desafíos que enfrentan las familias ensambladas. ¿Quién pone los límites a los niños?, ¿quién ejerce la autoridad?, son preguntas que suelen hacerse. Aquí es importante tener presente el concepto de “posición bisagra” que señala la Dra Davison “los progenitores ocupan una posición ‘bisagra’, entre su esposa/o y sus hijos y esto es clave en cuanto al ejercicio de la autoridad y responsabilidad familiar. Por un lado, tiene mayor ascendencia sobre sus hijos y por otro, reúne las condiciones para ayudar a su cónyuge a lograr un espacio en la nueva familia y para que asuma autoridad frente a los hijos”. Entonces, quién ejerce la autoridad, quien toma las decisiones en relación a los aspectos trascendentales de la vida de los niños son sus padres, y con respecto a las decisiones en el hogar ensamblado las toma la pareja de común acuerdo, por lo que es importante que se apoyen mutuamente, no se contradigan entre ellos, ni envíen mensajes contradictorios a los niños en el ejercicio de la autoridad. En un comienzo y hasta tanto, el p/tro o la m/tra afiance su posición en la estructura familiar las reglas del hogar, sólo las hace cumplir el progenitor. A medida que éste pueda ir cediendo espacio y autoridad a su pareja y ésta crear un vínculo con los chicos, el nuevo miembro asume paulatinamente el rol disciplinario, los niños asimilan su presencia cotidiana, la familia va a logrando mayor cohesión y todos logran identificar a esta nueva familia como propia. Como resultado de este proceso, para los niños será natural recibir órdenes, pautas de comportamiento y hasta reprimendas de sus padres afines.
El éxito, en este aspecto de la vida en común, va a depender fundamentalmente de la fortaleza, de la cohesión de la pareja, en la que han podido establecer el lugar que ocupa cada uno, impregnado a la familia de una ideología propia que les permita sostener las normas de crianza y convivencia. No hay que olvidar que muchas de las frustraciones y hasta fracasos de estos segundos matrimonios se deben a dificultades para conciliar modos de comportamiento ante los hijos.
En este recorrido es muy importante desterrar los prejuicios, aún imperantes en nuestros días, de que especialmente las madrastras son personas indeseables, de malos sentimientos. Este estereotipo no hace más que traducir nuestra imposibilidad de aceptar que vivir en familia hoy no tiene un sentido univoco, sino que existen una diversidad de modelos familiares. Si aceptamos esta realidad podremos valorar el papel central que tienen los vínculos madrastra e hijastros / padrastros e hijastros en la configuración de la familia ensamblada. Lo importante es darse la oportunidad para desarrollar vínculos entre ellos y que esto es posible lo revela una conversación escuchada entre dos adolescentes: una dice “…escuchasteis lo que dijo tu madrastra…” y la otra contesta “…no le digas así…que ella es toda dulzura...”. Lo que nos permite concluir que el cariño no se construye de un día para otro ni surge por mandato u obligación, requiere de un tiempo para construirse, desarrollarse.
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